Cuando los nombres no me importaban
te conocí y recuerdo que doraba
tus hombros con mis ojos
y tus labios me parecieron
lo más rojos de aquel bar.
No sé muy bien el porqué
de aquel empeño por subir
al cuello del pozo y al mirar
reflejarte dentro de mí.
Seguramente fuera que eres
buena psicóloga y para ti
tu trabajo trasgrede horarios laborales.
Sinceramente, creo que eras
ese ángel que se enreda
en las promesas de llamadas
que nunca han de suceder.
Aunque, a veces, sucede...
David Moreno Hernández
*Creo que he vuelto
Foto: Natasha Gudermane