martes, 27 de diciembre de 2005
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia


si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos


tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro


tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía


si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos


y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero


y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola


te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.



Mario Benedetti - El amor, las mujeres y la vida

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Publicado por Artemysa @ 1:05  | Poesía y literatura
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jueves, 15 de diciembre de 2005
-¿Qué habría hecho...? ¿Cuándo? -Tu amante muere. No puedes soportar el dolor. ¿Habrías descendido como Orfeo a buscarlo a los infierno, habrías sido capaz de tanto valor?
Emma se revolvió incómoda en el sofá.
-No, no...¡Los infiernos me aterran! No creo que haya ningún hombre en el mundo merecedor de tanto esfuerzo.
Y se sentó, calzándose al tiempo las playeras blancas, como ocultando la desnudez de pronto obscena de sus largos pies.
La levedad de su tono no había logrado contagiar a Michael, que permaneció serio, fruncido el entrecejo en la frente.
-Ya... Eres aún demasiado joven.
-¡Vaya..! ¿Tú sí irías? ¿Serías capaz de bajar al reino de los muertos por rescatar a tu amada, como un héroe?
-Sí, bajaría a buscarla. Lloraría igual que Orfeo, suplicaría que me la devolviesen...
-Bien. Eres muy valiente. Y muy mayor.
Michael se levantó, se acercó lentamente al sofá y se sentó a su lado. La miró provocándola.
-¿Sabes cuál es la tragedia de Orfeo? la verdadera tragedia de Orfeo no es la muerte de Eurídice, sino su propia vida. Recuerda: "Durante siete días permaneció sentado en la orilla, olvidado de sí mismo, privándose de los dones de Ceres; sólo se alimentó de su amor, su sufrimiento y sus lágrimas..." Sí, su gran dolor es no poder quedarse él también en los infiernos. No lo olvides, Emma, ni la vida ni la muerte valen lo que vale el amor.
-Vamos, Michael...- Su expresión era burlona. Sin embargo, se puso en pie y caminó hacia el piano, como si quisiera alejarse de su amigo.
Michael no se movió. Siguió hablando serio, con artificiosa intensidad, igual que un mal actor recitando un papel trágico:
- Yo también hubiese preferido morir, quedarme con mi amada en la muerte.
- ¡Por supuesto!
Él se le acercó. Su mirada se mantenía fija en ella, verde y fija y expectante.
-Sí, yo también bajaría a los infiernos en busca de mi amada. Es más, estoy seguro de que si muriera antes que ella, volvería a la vida por encontrarla. Tendría la fuerza suficiente para hacerlo.
Emmna no pudo evitar reírse.
-Deberías haber sido poeta en lugar de crítico de arte...
Pero Michael no le prestó atención. Le volvió la espalda y se acercó a la ventana, silencioso, como abrumado por algún dolor incierto.
Ella caminó ligera a su encuentro, una muchacha despreocupada, sonriente y ligera.
-Me voy a la cama. No creo que te vea mañana. Ya sabes que no soy buena madrugadora.
-Bien...Nos veremos en Madrid en diciembre.
-Eso es...Buen viaje, Michael.
Y lo besó rápidamente en la mejilla.
Él la miró irse, extrañamente serio.
[...]
Publicado por Artemysa @ 16:16  | Poesía y literatura
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lunes, 12 de diciembre de 2005
18 de julio

La casa descansaba, abiertas las ventanas al jardín donde los grillos alborotaban el aire nocturno del verano. De vez en cuando sonaba a lo lejos el motor de algún coche que pasaba por la carretera, y desde el bosquecillo cercano llegaban a ratos aleteos y ruidosas llamadas de pájaros.
En el piano Pleyel, Michael tocaba y tarareaba bajito, como al azar -con cierto virtuosismo y buena voz-. aquella música triste, Tu se' morta, se' morta, mia vita, ed io respiro?, has muerto, vida mía, ¿y yo aún respiro?, cuánta desolación, cuánta soledad, qué triste ese lamento de un ser rotro por la ausencia, lamento cruel que asoló las teclas del piano, su mecanismo interno y su propia carcasa, sometiendo el mundo al dolor.
Addio terra, addio cielo e sole, addio...El acorde final de re menor resonó definitivo: la pérdida nunca encuentra respuesta. se acabó. La muerte siempre es la muerte, con cielo, con infierno o con nada.
Michael se quedó inclinado sobre el piano, como si la pena agarrotara su cuerpo. Fue Emma, tendida en el sofá, descalza, quien se atrevió a susurrar:
-Qué hermoso. Y qué triste.
Y él volvió su taburete hacia ella.
-Sí, es muy triste, la muerte siempre es triste para los vivos.
-Sí... El Orfeo de Monteverdi es una obra maestra. ¿Sabes que hice un trabajo en la facultad sobre la persistencia del mito de Orfeo y Eurídice en la cultura occidental? Me dieron un sobresaliente...
-"Por estos lugares llenos de espanto, por este inmenso Caos, por este vasto y silencioso reino, yo os suplico: deshaced la prematura trama del destino de Eurídice..." ¿Tú que habrías hecho?.
[...]

Fragmento de El resto de la vida, Ángeles Caso

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Publicado por Artemysa @ 19:36  | Poesía y literatura
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