-¿Qué habría hecho...? ¿Cuándo? -Tu amante muere. No puedes soportar el dolor. ¿Habrías descendido como Orfeo a buscarlo a los infierno, habrías sido capaz de tanto valor?
Emma se revolvió incómoda en el sofá.
-No, no...¡Los infiernos me aterran! No creo que haya ningún hombre en el mundo merecedor de tanto esfuerzo.
Y se sentó, calzándose al tiempo las playeras blancas, como ocultando la desnudez de pronto obscena de sus largos pies.
La levedad de su tono no había logrado contagiar a Michael, que permaneció serio, fruncido el entrecejo en la frente.
-Ya... Eres aún demasiado joven.
-¡Vaya..! ¿Tú sí irías? ¿Serías capaz de bajar al reino de los muertos por rescatar a tu amada, como un héroe?
-Sí, bajaría a buscarla. Lloraría igual que Orfeo, suplicaría que me la devolviesen...
-Bien. Eres muy valiente. Y muy mayor.
Michael se levantó, se acercó lentamente al sofá y se sentó a su lado. La miró provocándola.
-¿Sabes cuál es la tragedia de Orfeo? la verdadera tragedia de Orfeo no es la muerte de Eurídice, sino su propia vida. Recuerda: "Durante siete días permaneció sentado en la orilla, olvidado de sí mismo, privándose de los dones de Ceres; sólo se alimentó de su amor, su sufrimiento y sus lágrimas..." Sí, su gran dolor es no poder quedarse él también en los infiernos. No lo olvides, Emma, ni la vida ni la muerte valen lo que vale el amor.
-Vamos, Michael...- Su expresión era burlona. Sin embargo, se puso en pie y caminó hacia el piano, como si quisiera alejarse de su amigo.
Michael no se movió. Siguió hablando serio, con artificiosa intensidad, igual que un mal actor recitando un papel trágico:
- Yo también hubiese preferido morir, quedarme con mi amada en la muerte.
- ¡Por supuesto!
Él se le acercó. Su mirada se mantenía fija en ella, verde y fija y expectante.
-Sí, yo también bajaría a los infiernos en busca de mi amada. Es más, estoy seguro de que si muriera antes que ella, volvería a la vida por encontrarla. Tendría la fuerza suficiente para hacerlo.
Emmna no pudo evitar reírse.
-Deberías haber sido poeta en lugar de crítico de arte...
Pero Michael no le prestó atención. Le volvió la espalda y se acercó a la ventana, silencioso, como abrumado por algún dolor incierto.
Ella caminó ligera a su encuentro, una muchacha despreocupada, sonriente y ligera.
-Me voy a la cama. No creo que te vea mañana. Ya sabes que no soy buena madrugadora.
-Bien...Nos veremos en Madrid en diciembre.
-Eso es...Buen viaje, Michael.
Y lo besó rápidamente en la mejilla.
Él la miró irse, extrañamente serio.
[...]