"Una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes": Lucía repite tres veces la frase del pobre Darley y apaga las luces. Natalia desconecta el tocadiscos y brindamos incurriendo en el viejo dribbling: nadie dice por qué. Hemos vuelto a Playa Blanca. Es tarde: alguno tiene que gritar, herir, quemarse. Abro otra botella, pero nadie dice nada. Corro hasta la máquina de escribir, la levanto aullando y la tiro por la ventana: Chao. Malditas palabras. Lucía está pensando algo; sonríe con la mano en la barbilla, sin ironía. Yo ya cumplí mi parte: un estofado de berenjena que resultó mejor que nunca. Natalia comienza a dar vueltas alrededor de la mesa. Nos miramos como lo harían los comensales de Brueghel el Viejo, pero en versión novela negra. Así sea. Nos miramos, nos miramos y Natalia sigue girando, en la punta de los pies.
Fragmento de "Natalia", Pablo Azócar
feliz fin de cumpleaños Natalia
sí, me felicito a mi misma