Las personas somos débiles aunque ni nosotros mismos nos demos cuenta de ello hasta que, sin esperarlo, nuestra propia mente no quiera seguir luchando.
Hay personas aparentemente felices, con ganas de vivir, disfrutar de mil puestas de sol, de compartir mil conversaciones, de compartir su vida... pero, hay a quien la suerte no le acompaña y su vida se reduce a una habitación oscura, una cama en la que apenas puede moverse, una ventana cuyas vistas desconoce y una grandísima soledad que le hacen los minutos más angustiosos.
Porque hay vidas que se estropean en un solo instante y no se arreglan jamás...
ésta no será una